
disfrazados de ternura
que, perdidos en la noche,
se esconden en la distancia
tapizando su amargura.
Corazones travestidos
de arlequines y doncellas,
que remiendan su tristeza
entre vendas y algodones,
con zurcidos de sonrisas.
Corazones desnutridos,
orgullosos de sus sombras,
que presumen de riqueza...
y llevan dentro del alma
infinita sed de vida.
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