El Catalán, un abeto,
Paquito, tal vez un roble...
y Sang Freda un alto cedro.
Cuatro dragones surgieron
a espaldas del horizonte,
tras las dunas de un desierto
de cálida arena roja,
azotado por el viento.
Crecieron en aquel monte,
donde nunca existió el tiempo
y la verdad no se esconde.
Son árboles que subieron
con sus copas hasta el cielo,
sin temor a la zozobra
ni sumisión ante el orden;
que nunca tuvieron miedo
de las fieras o los dioses,
pero que fueron sinceros
con la lealtad y el respeto.
Cuatro dragones que hicieron
de la libertad, espejo.
Cuatro dragones que asombran
a villanos y señores,
por mil hazañas sin nombre,
de sangre, valor y hierro,
grabadas en el recuerdo
con letras de bronce y fuego.
Cuatro dragones eternos...
que jamás tuvieron dueño.