
Sí, yo también amé con alas
y volé entre nubes dulces
sobre una sombra encarnada.
Pero la noche era fría
y la distancia callada.
Yo también fui fugitivo
de una lejana mirada
y me refugié en su pecho,
entre amapolas de lava.
Sí, yo también fui mar y viento
cuando me envolvió la nada.
Pero la piel del silencio
era dura y despiadada.
Yo también amé con alas...
y me perdí en el destierro
de un futuro sin mañana.
A Johanna Rivera, poeta.