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lunes, 8 de agosto de 2022

Lejos de aquí


Lejos de aquí, ¿no lo sabes?
hay una frontera negra,
un dolor que no conoces
y un cielo que no te espera.

Hay amores que no tienen
por quien llorar en la noche,
estrellas que ya no brillan...
y emociones que no vuelan.

Tú no puedes recordarlo
porque no estuviste allí.
Aunque no quieras saberlo,
la vida es triste, y más gris:
los caminos son tan largos
que mueren en el olvido
de lo que nunca se tuvo...
de aquella flor sin abrir.

El mundo queda muy lejos,
y, si es mucha la distancia,
los que no tuvimos miedo
a cargar con la nostalgia,
llegamos, tal vez huyendo,
al horizonte de un sueño
que nos ayuda a fingir
ilusión y sentimiento,
pese a estar lejos de ti.

jueves, 28 de julio de 2022

Son azules


Flores azules que buscan
una luz que les consuele
del aroma que perdieron
entre la noche y las dudas.

Pétalos de seda triste
que se adormecen fingiendo
recuerdos que ya no tienen,
de un cielo lejano y libre.

Pistilos que nunca pueden
refugiarse en la nostalgia
porque la brisa se apaga
cuando los estambres mueren.

Tardes dulces que se alargan
y sin querer palidecen,
recordando en la distancia
el dolor de cien mañanas.

Azules... sí, son azules...
aunque ayer fueran tan blancas
y brillasen a la sombra
de un amor, callado y terco,
que iluminaba aquel tiempo
en el que espinas y rosas
soñaban con la esperanza
de morir con su perfume.

martes, 12 de julio de 2022

Pero no huye

¡Campos yermos de esperanza,
en los que el trigo y el miedo
crecen bajo el sol y el viento
sin dar tregua a la mañana!

¡Noches oscuras y largas,
alejadas de un recuerdo
que solo vuelve en invierno,
cuando las estrellas callan!

Hoy vuelan entre las nubes,
como el pájaro que, libre,
escapa, pero no huye.

Y, en la distancia, se unen
a un dolor que ya no existe...
porque el olvido lo cubre.


Fotografía: Mario Luengo

lunes, 20 de junio de 2022

Las flores del olvido


Tristes fueron las flores del olvido
que cubrieron la amarga primavera
con el gélido llanto de una espera
incapaz de dudar de lo perdido.

Si soñar que regrese lo vivido,
ocultando el dolor la vida entera,
escondiese tu ausencia en mi ceguera...
daría por dichoso lo sufrido.

Pero es terca la luz de la memoria
que ilumina el albero y la mañana,
encendiendo luciérnagas de gloria.

Y, aunque ese sol no llegue a tu ventana,
alejado el recuerdo de la historia,
endulza el viento... y el amor desgrana.

sábado, 22 de enero de 2022

Una herida



Una herida enciende el alma,
tras la noche del recuerdo.
Y amanece, con tu pelo,
frente al espejo de grana
que ilumina el tibio cielo
cuando se refleja, al alba,
sobre tus hombros morenos.

Breve fragancia de un beso
que humedece tu mirada
en esos ojos tan negros,
soñadores de un mañana
de azucenas y luceros...
y adormece la esperanza
bajo un silencio de acero.

El suave soplo del tiempo
es tan leve que no alcanza
a iluminar madrugadas...
ni a elevarse con el viento
sobre la niebla dorada
que cubre el sol de tu cuerpo
con su tristeza callada.

Una herida enciende el alma,
y al terminar el invierno
se revuelve, acelerada,
azotando el pensamiento
con el ruido de un deseo...
que desliza por tu espalda
la dulce esencia del miedo.


Ilustración: Ikenaga Yasunari

jueves, 14 de enero de 2021

Olmo sin sombra


Pasé, otra vez, junto al árbol
que dio sombra a nuestros sueños.
Estaba allí, solitario,
atrapado en el recuerdo
de una tarde de verano,
en la que un soplo ligero
nos empujaba, despacio,
hacia el olvido y el miedo. 

Me pareció que hasta el prado
era un poco más pequeño.
Y que el cielo, rosa pálido,
reflejaba los secretos
que debajo de aquel árbol
presagiaron el invierno...
a pesar de que mis labios
volaron sobre tus besos.

Desnudo, triste y callado;
azotado por el viento;
con aspecto funerario;
de tronco torcido y negro...
sin duda, viejo y cansado,
estaba, el árbol, enfermo.
Era un olmo centenario,
que dio sombra a nuestros sueños.

lunes, 11 de enero de 2021

Copos de llanto


Esas lágrimas de nieve,
son estrellas derramadas
del iris azul y verde
que ilumina tu mirada
cuando se refleja, al alba,
aquel recuerdo tan leve
que muere cada mañana,
pero de noche te hiere. 

Caen esos copos callados,
deslizando su tristeza
por el cristal delicado
de las pasiones secretas,
ya olvidadas en la espera
de un sueño breve y extraño,
un sueño de tibia seda...
tan fugaz como tu llanto.