La soledad que oscurece
el silencio de un olvido
apaga la luz del viento
que iluminaba tus pasos
por la vereda del río.
Y, en la noche del recuerdo,
la primavera del alba
dibuja, sin tú saberlo,
siete estrellas que son versos
escritos en tu destino.
Nada queda en esa orilla
ni en las mañanas de junio:
ya no canta la esperanza,
la vida se fue despacio...
y el dolor está dormido.