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jueves, 7 de junio de 2012

Volveré

Volveré a dormir sobre esas dunas,
que son cuna de delfines y sirenas.
Nadaré sobre las olas de canela,
bautizando siete estrellas con la espuma
de mi nave, que navega sin cordura
por los mares de la noche y de la espera,
desprovista de aparejos y de velas.

Hoy son islas lo que ayer fueron volcanes
y su lava se hizo miel en sus laderas,
y se funde con los besos que atraviesan
arrecifes y tormentas y huracanes,
reposando en la ensenada de una tarde
escondida entre caricias y lunares
que ilumina mi amargura y tu ceguera.

martes, 5 de junio de 2012

Versos salpicados

Salpicado de unos versos
por los que nunca has llorado,
he llegado a una mañana
enredada en el lamento
monocorde de campanas
que se empeñan en cantarme
la amargura de los sueños
y la miel de los luceros.

Lejanas odas a Juno
acarician la nostalgia
de siete jazmines blancos
que duermen sobre la arena
de una playa de canela,
tan suave como la brisa
que besaba aquellos montes
antes de volar al cielo.

La luna ha entrado en menguante
y en ella muere el reflejo
de unas nubes que no pueden
ocultar el sentimiento
con sus plumas de letargo
ni cubrir con humo el fuego
que se desprende en la noche
por el abismo del miedo.

lunes, 28 de mayo de 2012

Veletas encendidas

Quiero olvidar aquel sueño
y repartir los recuerdos
colgados en mi memoria
por las nubes de mil cielos,
lejanos como los besos
que giraron en la noria
de la feria de tu pecho.

No quiero seguir soñando,
ni dormido ni despierto,
mientras lloran las alondras
que vuelan desde mis ojos,
sin saber si están cantando
porque me roza tu aliento
o susurran que estoy muerto.

Pero sigo con él dentro,
dando vueltas en las alas
de los molinos del tiempo.
Son veletas encendidas
que señalan al destierro
y se clavan en el alma
como rayo en el desierto.

martes, 22 de mayo de 2012

A través de tu reflejo

A través de tu reflejo
puedo verlo.
Puedo ver el verde espejo
que se esconde en el aliento
de un arroyo de cuchillos.

El cristal y los suspiros
que flotan bajo la brisa
son esmeraldas furtivas
de un seno leve y esquivo,
tranquilo como la tarde
y dormido como el río.

Ya no esperan cielos limpios
sobre los sueños fingidos
que brotan en la penumbra
cuando apenas se respira
para no romper el tiempo...
Ya  solo escucho el silencio
de este pecho sin latidos
que atraviesa la mirada
de unos ojos sumergidos
en el llanto del destino.


Fotografía: Loles Basanta


martes, 8 de mayo de 2012

Tierra estrecha

¡Tierra estrecha de amargura
en la que duermen los sueños
y las grandes ambiciones
que volaban tras la gloria,
hoy sepultada entre olvidos
y apretada entre cenizas!

¿Dónde fueron las batallas
libradas contra el destino
para alcanzar la victoria
que brindaba sus laureles,
ya polvorientos y hundidos
bajo el peso de la nada?

Negra y eterna es la noche
que sucede a la mañana,
cuya belleza dorada
fue empañada por el tiempo
y reposa en el descanso
de este suelo sin memoria.

En el seno de esa tierra
se quedaron los jazmines
que brotaban en el pecho,
revueltos en la distancia
con dos luces que brillaban
y se borraron del alma.

lunes, 16 de abril de 2012

Celeste espuma














¿Quién no tiene, dormida en su memoria,
una tarde azul, intensa,
rebosante de celeste espuma,
que vuela en la distancia de una herida
y amanece en la niebla de la duda?

¿Quién no siente el rasguño de la historia
en las noches ciegas e indefensas
que confunden las garras con las plumas,
cuando el miedo llora en su guarida
y el recuerdo se aleja de la luna?

Aún se escucha el latido de la gloria
repicar con su cadencia lenta
en el pecho dorado de las musas,
pero ya no quedan besos ni mentiras
y la luz se congela entre la bruma.

miércoles, 4 de abril de 2012

Caminantes

Cien caminantes fueron
los que hollaron la vereda
que se esconde entre la selva
de los que nunca volvieron.

Sus pisadas son lamentos
en los lodos de un pantano
que ha nacido con el llanto
de quienes dieron su aliento,
retrocediendo en el tiempo
y entregando su pasado,
sin saber que al otro lado
les esperaba el destierro.

Hoy el olvido es infierno
para quien brindó con viento
y creyó que aquel camino
era su firme destino,
aceptando un juramento
y unas promesas que han muerto
entre el barro y los espinos.