al invierno de granito
que pavimenta el orgullo
de la calle del hastío.
Sobre la piedra del miedo
apenas vive la espera
que acaricia con un beso
el tiempo que no regresa.
Y esa flor que no se muere
sigue terca, noche y día,
pequeña, brillante y breve...
Aguardando tu recuerdo
para, después, apagarse
y dormirse en el olvido.
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