Una sombra que pasa, desbocada,
galopando por sueños encendidos,
revuelve el corazón y los sentidos
bajo el oscuro lecho de la nada.
Otra sombra, serena y reposada,
adormece en el pecho mis latidos
y acaricia el silencio y los olvidos
que apagaron la luz de tu mirada.
En tu niebla mi aurora palidece,
atrapada en el eco idealizado
del alegre dulzor de la ceguera.
Y el rumor de unos besos desvanece
esa suave tristeza que, a tu lado,
se convierte en eterna compañera.
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